domingo, 30 de septiembre de 2018

Novena Poesía Vertical - Roberto Juarroz - Tal vez



"Sacudir el cuerpo como lo haría un animal,
pero quitándose de encima mucho más que el animal:
el polvo que deja el pensamiento,
las rigideces que enrolan a la muerte,
las manchas del amor y de las lluvias sucias
que caen de las cornisas
y también de un cielo turbio, envenenado.
Y quitarse de encima los andrajos del tiempo,
las contraseñas de los cuartos grises,
los moretones de la dicha,
los restos pegajosos del banquete,
las macabras serpentinas del dolor.
Y en un día de calculados estremecimientos
quitarse uno de encima hasta su sombra,
hasta eso que llamamos uno mismo,
hasta esos roces que llamamos los otros.
Y otro día sacudirse de encima
la eternidad desfigurada de la vida,
como si fuera otra capa de polvo"


Novena Poesía Vertical 41 Roberto Juaroz





Dónde está la sombra de un objeto apoyado contra la pared?
Dónde está la imagen de un espejo apoyado contra la noche?
Dónde está la vida de una criatura apoyada contra sí misma?
Dónde está el imperio de un hombre apoyado contra la muerte?
Dónde está la luz de un dios apoyado contra la nada?

Tal vez en esos espacios sin espacio esté lo que buscamos...



Roberto Juarroz La poesía, explosión del ser por debajo del lenguaje, Roberto Juarroz (fragmentos)


 Vivo el poema como una explosión del ser por debajo del lenguaje. Descubro aquí cuatro elementos básicos: explosión, ser, lenguaje y debajo. Podríamos acercarnos a ellos diciendo lo anterior de otro modo: el poema es la expansión abrupta de una realidad fundamental que se genera a través de las posibilidades subyacentes de la expresión verbal y no sólo por medio de la su capacidad significativa inmediata. [...]

Me apasiona la fuerte humanidad de una búsqueda de esta clase, su desafío a las normas y los estereotipos, la densidad de nivel donde se gesta la lucha por la expresión, la intensidad del buceo en las zonas más olvidadas y sin embargo más vivas de lo real, la simbiosis profunda de todas las proyecciones simbolizadoras, la paradójica complementariedad y hasta sincronicidad de lo espontáneo y lo reflexivo, lo dicho y lo no dicho, la victoria y el fracaso, lo esperado y lo inesperado, lo posible y lo imposible, lo uno y lo otro.

Me subyuga el amor que se funda y sustancia en estos espacios vivos y la libertad radical de ese amor, que ya no hace distingos entre expresarse y comunicarse, entre soledad y compañía, entre ausencia y presencia, entre voz y silencio, entre amar y pensar, entre todo y algo. La palabra transfigurada de un hombre solitario puede recoger allí, por abajo, el gesto misterioso y absurdamente magnífico de la humanidad. La poesía puede entonces proyectar ese gesto y abolir en un acto de amor la distancia entre el hombre y los objetos, entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, entre el hombre y la muerte. Más que un vacío, esas distancias son el músculo al que es posible dar vida con el nervio de la visión creadora, con el tatuaje inusitado de la palabra en función y explosión de ser, para mover así el mundo. La realidad está donde queremos que esté, donde somos capaces de engendrar una forma.

En el corazón de mi poesía está la creencia en que el pensamiento es más concreto que todo el resto de la materia del mundo. Por eso, en el corazón de mi poesía hay también un rostro.

Toda vida es sólo un amago, el anuncio o comienzo de un gesto. También la poesía es un amago, pero su ademán permanece, como si fuera algo más. El hombre y su lenguaje empujando implacablemente sus límites, desvestidos de todo cuanto no sea límite, desvistiéndose de aquello que ahora lo es. Suprema afirmación, es también lo más cercano a la suprema negación. La grandeza concreta de la poesía, como la de la vida, consiste en no estar hecha. Un salto siempre más allá, el salto que nos hace posibles.

Desde adentro, toda obra es un fracaso. Pero creo haber buscado algo distinto. Y esa búsqueda, desde adentro o afuera, no es un fracaso.



¿Cómo retroceder?
¿Cómo recuperar nuestro paréntesis?
¿Cómo recobrar el silencio de ser uno
y no tantos o ninguno?

Una vida no alcanza:
se necesita otra
para ir hacia atrás.

No es suficiente que la rosa
florezca hacia delante. 







La mano no puede
trazar una línea sobre otra
y hacer coincidir todos los puntos

Pero el azar a veces puede.

Lo mismo ocurre
con la voz y las palabras,
con el rostro y sus gestos,
con la vida y los hombres.

El azar es una mano más segura

Poema 16 - Roberto Juarroz



 

Todos hablan
de lo que han encontrado en el camino.
Algunos también hablan
de lo que no han encontrado.
Y unos pocos se refieren
a lo que no es posible encontrar.

Pero hay quienes hablan de un encuentro
que surge como una emboscada entre las manos,
como una golondrina que nunca formo parte
de ninguna bandada,
como un gesto secreto que recoge
la compasión que falta en los encuentros.

Todo encuentro se crea
como agua ante la sed.
El resto es un espejismo
que ni siquiera alcanza
para desconcertar al desierto.

Poesía vertical - Roberto Juarroz






lunes, 17 de septiembre de 2018

El gesto - Hélene Cixous

                                      Reproduccion personal de la Obra ¨Ternura¨de Guayasamin


"Pero si el espacio sin límite no me hubiera sido dado entonces, no habría escrito lo que oigo.
Porque yo escribo para, escribo desde, escribo a partir del Amor. Escribo de Amor.
Escribir: amar, inseparables. Escribir es un gesto del amor. El gesto.

Cada uno se alimenta del otro y se aumenta con él. Así como el uno no es sin el otro, así Escribir y Amar son amantes y no se despliegan más que abrazándose, buscándose, escribiéndose, amándose.
Escribir: hacer el amor al Amor. Escribir al amar, amar al escribir.
En la Escritura el Amor abre el cuerpo sin el cual la Escritura se marchita. En el amor la letra
se hace carne amada leída, multiplicada en todos los cuerpos y textos que el amor porta y espera del amor. Texto: no el rodeo sino la carne en trabajo de amor.

El amor hace un gesto, hace dos años, un despegue de párpados y el texto salta: está ese gesto, el texto surge de él. Esta ese texto y el cuerpo cobra un nuevo vuelo.
Léeme -lámeme, escríbeme el amor. Ella no se pone en abismo para saturar la abertura temida;
ella celebra sus abismos, los quiere abiertos, desea su sin-fondo, su promesa: nunca nos colmarás,
nunca te faltará el buen vértigo; para tu hambre nuestros sexos sin fin, nuestras diferencias.

Siempre el texto se escribe bajo la dulce coacción del amor. Mi único tormento, mi único temor, es no escribir tan alto como el Otro, mi único pesar es no escribir tan bello como el Amor.
Siempre me viene el texto en relación con la Fuente.
Si la fuente estuviese cerrada yo no escribiría. Y la fuente me es dada. No soy yo. Uno no puede ser su propia fuente. Fuente: siempre ahí. Siempre el destello del ser que me da el Ahí.
Ojalá no pueda dejar de buscar, ojalá escarbe furiosamente con todas mis fuerzas y todos mis sentidos.




Fuente que da el sentido y el impulso a todas las otras fuentes, que enciende la Historia para mí,
pone en vida todas las escenas de lo real, y me da mis nacimientos cada día.
Ella me abre la tierra y yo me lanzo. Ella me abre el cuerpo y la escritura se lanza.
La amada, aquella que está ahí, aquella que está ahí siempre ahí, aquella que no falta, que no se ausenta, pero de quien cada frase
llama a un libro - y de quien cada soplo inaugura en mi pecho un canto, un ahí que no desaparece pero
que yo no "encuentro", que yo no encierro, que yo no "comprendo", un sin-límites para mi sin-límites,
el ser que se da -a buscar-, que suscita y relanza el movimiento que me hace palpitar el corazón,
que me hace levar la tinta y partir de nuevo a buscar más lejos, eternidad inquisidora, incansable,
 insaciable, respuesta que plantea una pregunta, sin-fin.

El amor me da el espacio y el deseo de lo sin-fin. Diez mil vidas no llenan una sola página. Qué desgracia!
Qué felicidad! Mi pequeñez, qué suerte! No conocer el término! Estar en relación con lo más-que-yo! Me da fuerza para querer todos los misterios, para amarlos, para amar su amenaza, su inquietante extrañeza.
El Amor me llega. Su rostro: sus millares de nuevos rostros.

Su mirada, la misma la Eterna, y sin embargo aún no la había recibido nunca. Su voz, cómo oírla, cómo con mis oídos humanos oír la voz que hace resonar diez mil voces. Me impacta. Me toca.
Aquí. Aquí-Ahí. Mi cuerpo es alcanzado. Agitado. Bajo los golpes del amor, tomo fuego, tomo aire, tomo letra. No es que no resista. Él habla y la proferida soy yo."

Hélène Cixous -La llegada a la escritura


"El libro que vendrá" (le livre à venir) Maurice Blanchot



“¡Qué cosa asombrosa es un libro!
Es un objeto plano hecho de un árbol con partes flexibles en el que se imprimen gran cantidad de garabatos oscuros o divertidos.
Al leerlos es como entrar dentro de la mente de otra persona, tal vez alguien muerto hace miles de años.
A través de los milenios, un autor habla clara y silenciosamente dentro de tu cabeza, directamente.
La escritura es quizás el más grande de los inventos humanos, vinculando a personas que nunca se conocieron entre sí, ciudadanos de épocas distantes.
Los libros rompen las cadenas del tiempo.
Un libro es la prueba de que los humanos son capaces de hacer magia”.

Carl Sagan

El canto de las sirenas. El encuentro con lo imaginario...

Las Sirenas parece que cantaban pero de una manera que no satisfacía, porque sólo dejaban oír la dirección hacia donde se abrían las verdaderas fuentes y la verdadera felicidad del canto. Sin embargo, por sus cantos imperfectos, que sólo eran aún canto venidero, conducían al navegante hacia aquel espacio en donde el cantar empezaría de verdad. Por lo tanto, no lo engañaban, llevaban realmente a la meta. Pero, tras alcanzar el lugar, qué sucedía? cuál era ese lugar? Aquel en dónde sólo era posible desaparecer, porque la música, en esa región de fuente y origen, desapareció más completamente que en ningún otro lugar del mundo: mar en donde, con los oídos tapados, zozobraban los vivos y en donde las Sirenas, dando una prueba de buena voluntad también tuvieron que desaparecer un día.

De qué índole era el canto de las Sirenas? en qué consistía lo que le faltaba? porqué esa misma falta lo hacía tan potente?

...canto inhumano, ajeno al hombre, capaz de  despertar en él ese placer extremo de caer que no se puede satisfacer en las condiciones normales de la vida...extraño encantamiento...

Había algo de maravilloso en ese canto real, canto común, secreto, sencillo, cotidiano, irrealmente cantado por potencias extrañas y en verdad imaginarias, canto del abismo que una vez oído abría en cada palabra un abismo fascinante por donde se aspiraba a desaparecer...

...

Maurice Blanchot




“Estar sola con el libro aún no escrito es estar aún en el primer sueño de la humanidad." M.Duras

Caminas hacia la soledad. Yo no, yo tengo libros

La Inmortal Hora veinticinco






EPILOGO

-Quisiera tratar con usted una cuestión personal, Mistress West.

-Le escucho- dijo ella.

-Mrs. West, ¿acepta ser mi mujer?

El teniente Lewis se echó hacia atrás y empezó a balancearse sobre
las patas traseras de la silla.

-No acepto ser su mujer, Mr. Lewis.

-¿Tiene usted otros proyectos para el porvenir?

-No, no tengo otros proyectos para el porvenir- respondió ella- . 
Pero mi contestación es bien sencilla: no.

-¡O.K.! -dijo Mr. Lewis tras una breve interrupción- ¿Puedo conocer la razón de tal negativa?

-Si se empeña se lo diré: por nuestra diferencia de edades.

-¡No tiene sentido!

El teniente Lewis se echó a reir.

Tengo un año más que usted- dijo- Recuerde que he visto sus documentos. ¿En qué
funda usted esa pretendida diferencia de edades? Justamente es lo contrario.

-Se equivoca- dijo Nora.

 -Bromea usted- dijo Mr.Lewis-. ¿Qué edad tiene?

-Hablemos de otra cosa, ¿quiere?- dijo ella.

- No antes de que me haya dicho usted su edad.

-No es galante preguntar a una mujer qué edad tiene. Y sobre todo insistir tanto. Pero
voy a decírselo -respondió Nora-. Tengo novecientos sesenta y nueve años. Y no se
olvide que en materia de edad, las mujeres confiesan siempre menos de la que tienen en
realidad. En el fondo soy mucho más vieja.

-¡O.K., Mrs. Mathusalem!- dijo Mr. Lewis muy regocijado.

Pero Nora West ni siquiera sonrió.

Lewis, que había creído que Nora aceptaría su proposición, insistió. Pero ella volvió a repetirle
que su negativa era categórica.

-No se enfade, Mr. Lewis, pero no podría vivir veinticuatro horas con usted en la misma
habitación.

-¿Por qué? 

-Ya se lo he dicho: diferencia de edad - dijo Nora West-. Es usted un muchacho egoísta y
gentil, como todos los jóvenes. Pero yo soy una mujer perteneciente a otro mundo.

-No la entiendo.

-Por eso he rehusado darle explicaciones- dijo Nora-. Es natural que no me entienda


Tengo detrás
de mis mil años de experiencias, de renunciamientos, de tormentos, mil años que han hecho de mi lo que ahora soy. Usted tiene en su poder el presente y el porvenir. Quizá posee el porvenir. Añado ese "quizás", no porque dude, sino porque nunca puede confiarse en el futuro.

-Too sophisticated!- dijo Mr. Lewis, nervioso.

-¡Escúcheme, Mr. Lewis! -dijo Nora- . 

Después de haber escuchado las declaraciones de amor de
Petrarca, Goethe, lord Byron y Puchkin, después de haber escuchado a Traian Koruga hablarme de amor, después de haber escuchado las canciones de los trovadores y haberlos visto arrodillados ante mi como ante una reina, después de haber presenciado 
cómo reyes y caballeros se mataban por mi y haber hablado de amor con  Valery, Rilke, D'Annunzio y Elliot, 

¿como podría tomar en serio esa petición de matrimonio que me echa usted a la cara al mismo tiempo que el humo de su cigarrillo?

-¿De manera que para pedir a una mujer en matrimonio hay que ser Goethe, lord Byron o Petrarca?

-No, Mr. Lewis. Ni siquiera hay que ser Rilke o Puchkin...  Basta amarla.

-Estamos de acuerdo- dijo Lewis-. ¿Quién le ha dicho que no la amo?

Eleanora se sonrió.

-El amor es una pasión, Mr. Lewis- dijo- . 
Supongo que lo habrá oído decir, o por lo menos lo habrá leído en cualquier parte.


-Volvemos a estar de acuerdo-dijo el teniente-. El amor es una pasión.

-Pero usted es totalmente incapaz de sentir una pasión -dijo Nora-. 

Y no sólo usted. Ningún hombre de su "Civilización" es capaz de alentar una pasión. 
El amor, esa pasión suprema, no puede existir más que en una sociedad que estime que cada ser humano es irremplazable y único. 

La sociedad a la que usted pertenece cree justamente lo contrario: que cada hombre puede ser reemplazado. No ven ustedes en el ser humano, y por lo tanto tampoco en la mujer que pretenden amar, un ejemplar único creado por Dios o la Naturaleza en una sola edición. 

Para ustedes, cada hombre ha sido creado en serie. A sus ojos, cada mujer es igual a sus semejantes. Y partiendo de ese concepto, es imposible amar. Los amantes pertenecientes a mi sociedad saben que si no logran ganar el corazón de la mujer amada, les será imposible reemplazarla por ninguna otra en el mundo. Esa es la causa de que se maten con frecuencia por esa mujer. Su amor rechazado no puede hallar sucedáneo en ningún otro. Un hombre que me amara de verdad, me daría la impresión de que soy la única mujer que podía hacerle feliz. 
Me demostraría que soy el ejemplar único, que no puede tener igual en toda la superficie de la tierra. Entonces me convencería de ese hecho. Un hombre que no dé la sensación de que soy un ser único e inigualable, es que no me ama. Y una mujer que no reciba esa confirmación del ser que ama, es que no es amada. Y no creo que ninguna mujer pueda casarse con el hombre que no ama...

¿Se siente usted capaz, Mr. Lewis, de darme esa certidumbre que pido? ¿Cree usted que, buscando bien, podría reemplazarme? Supongo que será así. Usted está seguro de poder encontrar otra mujer que sea su esposa, si yo me niego a serlo. Y si esa segunda le rechaza también, intentará con una tercera...¿No es verdad?

-Cierto- dijo él-. Pero lamentaría que me rechazara usted...Palabra de honor que lo lamentaría.

-Haríamos mejor continuando el sagrado trabajo de nuestra oficina, Mr. Lewis.




Historia del ajedrez




La historia del ajedrez tiene un origen controvertido, pero es posible afirmar que el juego fue inventado en Asia. Actualmente, la versión generalizada es que surgió en India con el nombre de chaturanga






que significa entre cuatro, ya que con ello se aludía a las cuatro armas del ejército indio: caballos, carros, elefantes e infantería (al pasar a occidente se transformaron en torres, caballos, alfiles u obispos y peones).



Se difundió rápidamente por las rutas comerciales, llegó a Persia, y desde allí al Imperio bizantino, extendiéndose posteriormente por toda Asia. El mundo árabe, adoptó el ajedrez con un entusiasmo sin igual: estudiaron y analizaron en profundidad los mecanismos del juego, escribieron numerosos tratados sobre ajedrez y desarrollaron el sistema de notación algebraica.
El juego llegó a Europa entre los años 700 y 900, a través de la conquista de España por el Islam, aunque también lo practicaban los vikingos y los Cruzados que regresaban de Tierra Santa. En las excavaciones de una sepultura vikinga hallada en la costa sur de Bretaña se encontró un juego de ajedrez, y en la región francesa de los Visigodos se descubrieron unas piezas del siglo X, de origen escandinavo, que respondían al modelo árabe tradicional. Durante la edad media España e Italia eran los países donde más se practicaba.
Lo introdujeron con el nombre de "Shatrany" que dio origen luego al español "acedrex" y posteriormente Ajedrez. Los persas transformaron el término hindú rajah", que significa rey en "shah", y de allí proviene la frase árabe "shah mat" que significa el rey ha muerto, de la cual deriva la actual "jaque mate".



Se jugaba de acuerdo con las normas árabes (descritas en diversos tratados de los que fue traductor y adaptador Alfonso X el Sabio), según las cuales la reina y el alfil son piezas relativamente débiles, que sólo pueden avanzar de casilla en casilla. Durante los siglos XVI y XVII el ajedrez experimentó un importante cambio, y la reina se convirtió en la pieza más poderosa, en cuanto a su movimiento se refiere, del tablero. Fue entonces cuando se permitió a los peones avanzar dos casillas en su primer movimiento y se introdujeron la regla conocida como en passant ("al paso"),  que permite capturar el peón que sigue su marcha y no come la pieza que se le ha ofrecido por una determinada estrategia, y el revolucionario concepto del enroque. Los jugadores italianos comenzaron a dominar el juego, arrebatándoles la supremacía a los españoles. Los italianos, a su vez, fueron desbancados por los franceses y los ingleses durante los siglos XVIII y XIX cuando el ajedrez, que había sido hasta entonces el juego predilecto de la nobleza y la aristocracia, pasó a los cafés y las universidades. El nivel del juego mejoró entonces de manera notable. 







Cuando Alejandro Magno marchó contra la India en el año 326 a.C., se le enfrentó una masa de infantería, caballería, carros y elefantes. Este tipo de ejército indio tradicional, dividido en cuatro sectores, se reflejaba en las piezas utilizadas en un antiguo juego indio de tablero, el chatarunga, que significa "cuatro partes" o brazos; éste a su vez fue reemplazado por un juego reconocido ya como ajedrez hacia el año 500 de nuestra era, fecha de su primera mención escrita.




De la India no tardó en extenderse a Persia (hoy Irán) donde se hizo popular. Los persas heredaron muchos nombres y términos familiares del ajedrez. Los infantes eran piyadah o peones y el carro, hoy torre, se llamaba rukh, origen de la palabra "roque", con la que a veces se denomina la torre, así como del término "enroque". Shahmat significa "el rey está perdido" y de ahí el "jaque mate", el momento crítico en el que el rey de uno de los jugadores no puede escapar a la
captura y pierde la partida. El "jaque mate" evoca los antiguos usos de la guerra, cuando un rey capturado, por el que se podía pedir rescate, valía más que muerto. En el siglo VII de nuestra era, el imperio persa sucumbió ante el Islam y el ajedrez viajó con las conquistas islámicas desde España, y más tarde por toda Europa Occidental, hasta las puertas de Constantinopla, de donde los vikingos lo llevarían al lejano norte.




Uno de los registros literarios más antiguos sobre el ajedrez es el poema persa Karnamak Artakhshatr Papakan, escrito en el siglo VI y a partir de esta era, su evolución está mejor documentada y ampliamente aceptada en el mundo académico. Tras la conquista de Persia por los árabes, éstos asimilaron el juego y lo difundieron en Occidente, llevándolo al norte de Africa y Europa, e incluso la actual España e Italia alrededor del siglo X desde donde se extendió al resto del continente llegando a la región de Escandinavia e Islandia. En Oriente, el ajedrez se ha expandido desde su versión china, el Xianggi, a Corea y Japón en el siglo X.





En el siglo XV, el juego fue ampliamente difundido en Europa y entre las variantes existentes del juego, la europea fue el que se destacó por la velocidad indicada por la inclusión de la dama y el alfil. A pesar de que en esa época ya existía literatura de ajedrez, fue en este período cuando comenzaron a surgir el primer análisis de aperturas debido a las nuevas posibilidades de juego.



Ajedrez: Ese pretexto tan bien escrito y sin palabras

Hélène Cixous de "Ver a no saber"



"Ella era una mujer, pero no absolutamente, ella era una mujer con.
Con hombre, con-contra-sin hombre o caballo o maquina de escribir.
Pero madre lo era absolutamente, en la gran soledad de las madres verdaderas: Madre. Madera. Bruta. Grande. Primitiva.

Ella era un agente que luchaba con el ángel para hacerle pronunciar su nombre, y en la lucha ella era el ángel también, el ángel angustia y el ángel calma. Paradójica.
Con la fuerza de una ventana abierta sabía que ella no era "el autor"
con autoridad de sus libros.
Sus libros eran tempestades que pasaban por encima de su persona,la atravesaban, eran más libres que ella. (...)

Pero ella no podía vivir sin un perro. Es decir sin su misterio de amor, un misterio encamado y acariciable.
Sin su filosofía sin palabras. Ella no hubiera podido vivir sin su reino próximo, el animal.
Sólo las personas iniciadas a la animalidad podrán seguir el rastro de su pensamiento amante.
Ella quería amar como se ve: sin poseer, acercándose. Como la gallina ama sin saber el huevo. Abstracta, abstraída. Pero le es más sencillo a la gallina amar distraída (el huevo) que a la madre amar bien al hijo.
Porque la madre pensó "mi hijo" el primer día.
Luego es necesario disolver el posesivo.

Si la madre es buena, es decir iniciada, mirará al hijo con la mirada respetuosa indirecta; una mirada vacía,
la mirada de una ventana o de una vaca rumiando el misterio de la maternidad. (...)

La madre no pesa más que la luz. Baña al hijo sin tocarlo-tomarlo. La luz de bendición. Silenciosa dice: veo. (...)

Se trata de adoptar y de dejarse adoptar. Conservando siempre la opción posible: la elección.
De amar un niño como se ama a un perro encontrado y a un perro como a un niño encontrado, de recibir al otro como una gracia, al otro como cualquier otro. Es un perro que no se le parece.

No me hablas en mi lengua, no eres de mi sangre, pero hablamos el mismo silencio y tu misterio mira mi misterio directamente a los ojos con una mirada límpida..." 


de "Ver a no saber" por Hélène Cixous

"Quería tener la fuerza de una ventana: y entonces miraría "afuera" con los ojos inmóviles quietos pacientes muy abiertos, enmarcados en el marco de madera, ojos de ventana. Ojos ni de afuera ni de adentro, sino exactamente en el trayecto. Y delante de semejantes ojos, las cosas intactas, preservadas de la violencia de la mirada de una persona, se mostrarían, cada una. Cumplirían con su visibilidad.
...Ver: Ojo! Porque ese ver significaba ver aparecer y respetar, ver profundamente y sin alterar, sin tomar ni colorear con el pensamiento, ver desarticulando los ojos humanos que poseen manos, ver antes que todo pensamiento. Ver las primeras cosas por primera vez (cada vez por primera vez) era su esperanza y su dificultad.
Es un trabajo, una insistencia y una pasión. Le requirió siempre la extrema lentitud de una vigilancia y la extrema rapidez de la iluminación: ella quería ver el día y el momento en que el día va a dar a luz a la noche. Para llegar a ver mejor miraba por el agujero de la lona de la tienda. Enfocar ya no tenía secretos para ella.
Sólo que a través del hueco de la cerradura se ve la habitación como si no se estuviese ahí. Hay que inventar el punto de vista más puro: ver en ausencia propia. Ver como ve Dios.
Una curiosidad sublime la incitaba a distanciarse para respetar mejor. Procuraba deshacer todas las tentaciones de apropiación, de relación. Inventar la mirada. Aquella que no fuera su propia mirada, ni la mirada de una mujer. Ella quería lo próximo sin lo propio. La coexistencia de los sujetos libres.
Tomaba del caballo un punto de vista sobre un campo de maíz. Y la vaca mira con dos puntos de vista opuestos al mismo tiempo. Ella cambiaba a menudo de punto de vista, se trataba de una danza, de una manera de pasar del interior al exterior, de un lado al otro, de lo personal a lo impersonal, de lo masculino a lo femenino, velando con todos sus ojos en la dirección al mundo. Sin olvidar el punto de vista de un faro.

A fuerza de tanto y tan bien mirar y de prestarse sin recelo a la posibilidad de una Llegada, de tanto ejercitar su ser a la sumisión al mundo, las cosas llegaban, por primera vez. Ella veía. Realizaba un descubrimiento:ser. Desnudas. Fue testigo de muchas apariciones. Y mientras surgían en el horizonte e iban precisando su presencia, ella las veía. Y cada vez se trataba del ejercicio del verbo ser: la silla es. Era la primera silla. Erase una vez una niña. Con sombrero. La niña era. Un sombrero estaba, un poco torcido sobre la cabeza. Nunca se vieron tantos comienzos. Con los ojos de una vaca o con el punto de vista de un faro, ella veía el primer grado de las cosas.
Tras el comienzo sobrevenía sin embargo un poco de duración: ella lograba, como por ruego, mantener las cosas, durante un instante, presentes. El instante era corto y profundo, y era un deslumbramiento. Durante el trozo de presente suspendido a sus pestañas le daba el tiempo a la visión: veía una ardilla, un tubo de caucho, un cable eléctrico enrollado alrededor de una plancha, un ciego masticando chicles, de pie en la parada del autobús.
Algunas visiones devastaban su vida doméstica y la proyectaban perdida en la vida salvaje. Todo era triunfo y superación de sí misma. Ella veía el uno y el todo, lo finito y lo infinito.
Ella era el resultado de haber nacido dos veces en poco tiempo, una vez en un continente, nacimiento retenido luego durante dos meses para renacer en otro continente, nacida dos veces de un viaje lento difícil y precipitado, para finalmente llegar a la lengua brasileña. Después no dejó de seguir llegando a su propia lengua con ese ligero desfase. Lo que le otorgó para siempre tener esa suerte y esa extranjeridad: adoptaba el brasileño, lo descubría nuevo en cada frase..."

Ver a no saber por Hélène Cixous
de "Un aprendizaje o El libro de los placeres" Clarice Lispector


Hélène Cixous (nació en Oran, Argelia francesa el 5 Junio de 1937) hija de una madre alemana judía asquenazí y un padre algerí judío sefardí. Feminista francesa, profesora universitaria, escritora, poeta, dramaturga, filósofa, crítica literaria y especialista en retórica.

Cuenta con grados honoríficos otorgados por las universidades Queen's University y la Universidad de Alberta en Canadá; la Universidad College Dublin en Irlanda; la Universidad de York y la Universidad College London en el Reino Unido; y la Universidad Georgetown, la Universidad Northwestern y la Universidad de Wisconsin- Madison en Estados Unidos.

Se graduó en 1959 y obtuvo su doctorado en letras en 1968. Se especializó en literatura inglesa y, en especial, en los trabajos de James Joyce. En 1968, publicó "El exilio de James Joyce o el arte de la sustitución" y, al año siguiente, su primera novela "Dedans", un trabajo semi autobiográfico que ganó el premio Médicis.





"La escritura que se atreve a vertiginosa travesía de otros, efímeras, apasionadas estancias en él, ellos, ellas, que habita el tiempo suficiente para mirarles lo más cerca posible del inconsciente y amarles lo más cerca posible de la pulsión y acto seguido, más lejos, completamente impregnada de esos breves abrazos, ella va y pasa al infinito.

Ella sola se atreve y quiere conocer desde dentro, donde ella, la excluida no ha dejado de oír el eco del pre-lenguaje. Deja hablar la otra lengua de las mil lenguas que no reconoce ni el muro de la muerte. No niega nada a la vida. Su lengua no contiene, transporta; no retiene, hace posible.

Su enunciación es ambigua, percibiéndose ser - la maravilla de ser varias; no se defiende de sus desconocidas de las que se sorprende, gozando de su don de alterabilidad.

Soy Carne espaciosa que canta: en la que se injerta nadie sabe qué yo (femenino, masculino) más o menos humano pero ante todo, vivo por su transformación.




La veo "comenzar". Eso se escribe, esos comienzos que no dejan de seducirla. Eso puede y debe escribirse.

Hay un suelo, es su suelo -infancia, carne, sangre brillante - o fondo. Un fondo blanco, inolvidable, olvidado y ese suelo, cubierto por una cantidad infinita de estratos, de capas , de hojas de papel, es su sol. Y nada puede apagarlo.

La luz femenina no procede de arriba, no cae, no sorprende, no atraviesa. Irradia; es una ascensión, lenta, suave, difícil, absolutamente imparable, dolorosa que avanza, que impregna las tierras, que filtra, brota y finalmente desgarra, humedece, separa las espesuras, los volúmenes. Desde el fondo, luchando contra la opacidad.

Esta luz no detiene, abre y veo que, bajo esta luz, ella mira muy cerca y percibe los nervios de la materia. De los que no tiene ninguna necesidad. Su despertar no es una erección. Sino difusión. No es el trazo. Es la nave. Que escriba!

Y su texto, buscándose, se conoce más que carne y sangre, pasta amasándose, levantándose, insurrecional, con ingredientes sonoros, perfumados, combinación agitada de colores flotantes, follajes y ríos, lanzándose al mar que alimentamos (...)

Más o menos aladamente mar- tierra, desnuda qué materia nos repelería?

Todas sabemos palparlas. Hablarles. Heterogénea, sí, para su gran suerte, erógena, es la erogeneidad de lo heterogéneo; no se aferra a sí misma, la nadadora aérea, la que vuela/roba.

Prófuga, asombrosa, deseosa y capaz de otra, de la otra mujer que será, de la otra que no es, de él, de ti..."


H.Cixous





En cuanto a los iniciados


Pero ella no podía vivir sin un perro.
Es decir sin su misterio de amor, un misterio encamado y acariciable.

Sin su filosofía sin palabras.

Ella no hubiera podido vivir sin su reino próximo, el animal.

Sólo las personas iniciadas a la animalidad podrán seguir el rastro de su pensamiento amante.
Ella quería amar como se ve: sin poseer, acercándose. Como la gallina ama sin saber el huevo. Abstracta, abstraída. Pero le es más sencillo a la gallina amar distraída (el huevo) que a la madre amar bien al hijo.

Porque la madre pensó "mi hijo" el primer día. Luego es necesario disolver el posesivo.

Si la madre es buena, es decir iniciada, mirará al hijo con la mirada respetuosa indirecta;
una mirada vacía,
la mirada de una ventana o de una vaca rumiando el misterio de la maternidad. (..)

La madre no pesa más que la luz. Baña al hijo sin tocarlo-tomarlo.
La luz de bendición. Silenciosa dice: veo.
No toca, emplea el tacto: como el amor es indirecto.

Pongo la mano sobre el tronco del árbol sobre el cual se está puesta tu mano.
El árbol hace de tercero interpuesto. La metonimia era su magia delicada.

Se trata de adoptar y de dejarse adoptar. Conservando siempre la opción posible: la elección.

De amar un niño como se ama a un perro encontrado y a un perro como a un niño encontrado,
de recibir al otro como una gracia, al otro como cualquier otro. Es un perro que no se le parece.

No me hablas en mi lengua, no eres de mi sangre, pero hablamos el mismo silencio
y tu misterio mira mi misterio directamente a los ojos con una mirada límpida..."

Una vez quiso acercarse al hombre que fue mas solo del mundo por haber llevado el amor desde el niño hasta Dios. Ella quiso acompañar a Abraham al Monte Moria, allá en donde tiene lugar el sacrificio del huevo y de la gallina.

Pero como puede una persona pretender compartir la soledad absoluta de aquel que es tan extremadamente humano que puede responder a Dios frente a frente. Es imposible.
Entonces se hace el asno.
Trotaba al lado de ese hombre que subía más alto que el mismo libremente y sin temor.
Arriba todo era absoluto. El cielo: absoluto. La luz: absoluta.
La vida: absoluta. La muerte: desconocida.

Siempre soñó con saltar de lo conocido a lo desconocido. Luego de lo desconocido a lo conocido.

Eso fue sin duda lo que hizo. El asno murió con alegría.
Ella murió una primera vez por encima de toda la humanidad.
Luego bajó de la montaña para morir otra vez ante testigos.
Para finalizar?
Nunca había fin.

La ventana del libro se cerraba. Uno de los gallos de su zoológico lanzaba el grito del día.
Siempre tenía apenas el tiempo de saltar fuera hacia la noche siguiente.

Entonces venía:

...


domingo, 16 de septiembre de 2018

La casa de Petrodava y otras obras de Gheorghiu Virgil Constantin

Gheorghiu Virgil Constantin (15 de septiembre de 1916 Moldavia - 22 de junio 1992, París, Francia), nació en Valea Alba, una aldea en la comunidad de Razboieni, Condado de Neamt, en Moldavia conocido por su novela de 1949: "La hora 25"

Sus obras son un tesoro literario magnífico, de una crudeza y claridad impresionantes como "La hora 25", "Diario Intimo", "Fiesta Nacional", "La segunda oportunidad", "Los sacrificados del Danubio""La casa de Petrodava" y más...




"Precisamente porque le conozco y me conozco a mí misma es por lo que dudo más.
Cómo podríamos vivir juntos siendo uno tan diferente del otro?
En primer lugar usted no logrará soportar mi naturaleza.
Soy toda gravedad y violencia, como el agua de una fuente subterránea que, en el instante en que ha
conseguido romper la roca que la guardaba prisionera y salir a la superficie, surge en línea recta, sin un
meandro, sin una mirada hacia sí misma ni a lo que la rodea.
La fuente se convierte en un torrente. En el instante en que me
lanzo a la vida desde lo alto de la roca materna, me convierto en un torrente.
En el instante en que tomo la salida, nadie puede ya detenerme.
Caigo verticalmente desde mi roca, en cascada, hacia la realización de mi destino, hacia mi objetivo.
Me desgarro, me trituro y trituro las rocas que están junto a mí. Pero no conozco
otra dirección que no sea la línea recta. Ignoro los meandros que hacen las aguas de la llanura.
No conozco más que una sola felicidad, pues no soy capaz de sentir dos al mismo tiempo.
Me lanzo hacia esa dicha, que constituye mi destino integral, con la decisión de suicidio del agua de los torrentes y las cascadas. Sólo tengo una vocación: la línea recta. Cómo podría soportarme?
Yo sería como un torrente que devastaría su existencia. Lineal. Violenta. Implacable. Despiadada.
Para soportar una existencia como la mía, es necesario ser una roca. Es necesario ser un hombre de la
montaña también.
Usted es un hombre de la llanura,semejante a las aguas de la llanura, a esas aguas que se detienen en
todos los meandros, perezosas, soñadoras, y voluptuosas. Se deslizan lentamente y se detienen,
amigables, junto a los árboles y plantas, en las viñas y en los prados.
Antes de girar las ruedas de los molinos, admiran el cielo y la vegetación, respirando el perfume de todas
las flores. Las aguas de las llanuras tienen idilios con todas las orillas. Son acariciadoras y siempre
permanecen cálidas y disponibles.
Las aguas de las llanuras alcanzan su objetivo por medio de la astucia, dando rodeos, utilizando la seducción.
No se olvidan de complacerse durante el trayecto en todos los deleites del viaje, en todos los esplendores de la orilla, ni de gustar todos los aromas, todos los colores y todos los perfumes.
Mi amor, por el contrario, es árido, implacable, violento y despiadado, como el agua de los torrentes
y el paraíso de las truchas.
Míreme bien, señor maestro...soy como todos los montañeses de este lugar de Petrodava.
No soy más que músculos y tendones. En mí no hay una sola onza de grasa, ni una sola línea curva.
Soy como la silueta de los abetos; los pies profundamente plantados en la roca y la cabeza en el cielo.
La parte mas alta de mi cabeza alcanza el azul del firmamente y las estrellas.
Nunca nos encorvamos, ni de dolor, ni de servilismo, ni con el peso de los años.
Cuando la tormenta, los dolores y las nieves de la existencia son demasiado pesadas, nos quebramos.
Pero no nos plegamos. Cuando el dolor, semejante al hielo cortante, llega hasta nuestra savia,
estallamos. Pero siempre verticalmente. Vivimos, sufrimos, amamos y morimos verticales.
Perpendiculares a la roca. Rígidos, pero majestuosos. Después de nuestra muerte, siempre
permanecemos en línea recta, formando líneas horizontales con la tierra.
La vida y la muerte, son simples cambios de figuras geométricas."

Gheorghiu Virgil Constantin - de "La casa de Petrodava"








EPILOGO

-Quisiera tratar con usted una cuestión personal, Mistress West.

-Le escucho- dijo ella.

-Mrs. West, ¿acepta ser mi mujer?

El teniente Lewis se echó hacia atrás y empezó a balancearse sobre
las patas traseras de la silla.

-No acepto ser su mujer, Mr. Lewis.

-¿Tiene usted otros proyectos para el porvenir?

-No, no tengo otros proyectos para el porvenir- respondió ella- . 
Pero mi contestación es bien sencilla: no.

-¡O.K.! -dijo Mr. Lewis tras una breve interrupción- ¿Puedo conocer la razón de tal negativa?

-Si se empeña se lo diré: por nuestra diferencia de edades.

-¡No tiene sentido!

El teniente Lewis se echó a reir.

Tengo un año más que usted- dijo- Recuerde que he visto sus documentos. ¿En qué
funda usted esa pretendida diferencia de edades? Justamente es lo contrario.

-Se equivoca- dijo Nora.

 -Bromea usted- dijo Mr.Lewis-. ¿Qué edad tiene?

-Hablemos de otra cosa, ¿quiere?- dijo ella.

- No antes de que me haya dicho usted su edad.
-No es galante preguntar a una mujer qué edad tiene. Y sobre todo insistir tanto. Pero
voy a decírselo -respondió Nora-. Tengo novecientos sesenta y nueve años. Y no se
olvide que en materia de edad, las mujeres confiesan siempre menos de la que tienen en
realidad. En el fondo soy mucho más vieja.



-¡O.K., Mrs. Mathusalem!- dijo Mr. Lewis muy regocijado.

Pero Nora West ni siquiera sonrió.

Lewis, que había creído que Nora aceptaría su proposición, insistió. Pero ella volvió a repetirle
que su negativa era categórica.
-No se enfade, Mr. Lewis, pero no podría vivir veinticuatro horas con usted en la misma
habitación.
-¿Por qué?
-Ya se lo he dicho: diferencia de edad - dijo Nora West-. Es usted un muchacho egoísta y gentil, como todos los jóvenes. Pero yo soy una mujer perteneciente a otro mundo.

-No la entiendo.

-Por eso he rehusado darle explicaciones- dijo Nora-. Es natural que no me entienda. Tengo detrás
de mi mil años de experiencias, de renunciamientos, de tormentos, mil años que han hecho de mi lo que ahora soy. Usted tiene en su poder el presente y el porvenir. Quizá posee el porvenir. Añado ese "quizás", no porque dude, sino porque nunca puede confiarse en el futuro.

-Too sophisticated!- dijo Mr. Lewis, nervioso.

-¡Escúcheme, Mr. Lewis! -dijo Nora- . Después de haber escuchado las declaraciones de amor de
Petrarca, Goethe, lord Byron y Puchkin, después de haber escuchado a Traian Koruga hablarme
de amor, después de haber escuchado las canciones de los trovadores y haberlos visto arrodillados
ante mi como ante una reina, después de haber presenciado cómo reyes y caballeros se mataban por mi y haber hablado de amor con  Valery, Rilke, D'Annunzio y Elliot, ¿como podria tomar en serio esa petición de matrimonio que me echa usted a la cara al mismo tiempo que el humo de su cigarrillo?

-¿De manera que para pedir a una mujer en matrimonio hay que ser Goethe, lord Byron o Petrarca?

-No, Mr. Lewis. Ni siquiera hay que ser Rilke o Puchkin...Basta amarla.

-Estamos de acuerdo- dijo Lewis-. ¿Quién le ha dicho que no la amo?

Eleanora se sonrió.

-El amor es una pasión, Mr. Lewis- dijo- . Supongo que lo habrá oído decir, o por lo menos lo habrá
leído en cualquier parte.

-Volvemos a estar de acuerdo-dijo el teniente-. El amor es una pasión.

-Pero usted es totalmente incapaz de sentir una pasión -dijo Nora-. Y no sólo usted. Ningún hombre de su Civilización es capaz de alentar una pasión. El amor, esa pasión suprema, no puede existir más que en una sociedad que estime que cada ser humano es irremplazable y único. La sociedad a la que usted pertenece cree justamente lo contrario: que cada hombre puede ser reemplazado. No ven ustedes en el ser humano, y por lo tanto tampoco en la mujer que pretenden amar, un ejemplar único creado por Dios o la Naturaleza en una sola edición. Para ustedes, cada hombre ha sido creado en serie. A sus ojos, cada mujer es igual a sus semejantes. Y partiendo de ese concepto, es imposible amar. Los amantes pertenecientes a mi sociedad saben que si no logran ganar el corazón de la mujer amada, les será imposible reemplazarla por ninguna otra en el mundo. Esa es la causa de que se maten con frecuencia por esa mujer. Su amor rechazado no puede hallar sucedáneo en ningún otro. Un hombre que me amara de verdad, me daría la impresión de que soy la única mujer que podía hacerle feliz. Me demostraría que soy el ejemplar único, que no puede tener igual en toda la superficie de la tierra. Entonces me convencería de ese hecho.Un hombre que no dé la sensación de que soy un ser único e inigualable, es que no me ama. Y una mujer que no reciba esa confirmación del ser que ama, es que no es amada. Y no creo que ninguna mujer pueda casarse con el hombre que no ama...¿Se siente usted capaz, Mr. Lewis, de darme esa certidumbre que pido? ¿Cree usted que, buscando bien, podría reemplazarme? Supongo que será así. Usted está seguro de poder encontrar otra mujer que sea su esposa, si yo me niego a serlo. Y si esa segunda le rechaza también, intentará con una tercera...¿No es verdad?

-Cierto- dijo él-. Pero lamentaría que me rechazara usted...Palabra de honor que lo lamentaría.

-Haríamos mejor continuando el sagrado trabajo de nuestra oficina, Mr. Lewis.

 de La Inmortal Hora Veinticinco




Fragmento de la obra "Contrata de héroes"

Hombre de pan...

"Por el acento, monsieur Laforest comprendió también que el herido era ucraniano. Monsieur Laforest amaba a los ucranianos. Eran hombres que tenían el corazón sensible y bueno como la miga del pan. Tienen un refrán: Somos hombres de pan. Esto quiere decir en lengua ucraniana, que son agricultores y buena gente, hombres de su casa, honrados y amantes de su familia. No son salvajes. El asesino era, pues, un "hombre de pan", un ucraniano."

El herido " miraba con simpatía a monsieur Laforest, con unos ojos cálidos, ucranianos. Los ojos de los ucranianos rebosan de bondad.

La mirada de todos los ucranianos encierra un océano de bondad."

Hombre de raza...

"Es un hombre valiente, Un verdadero hombre de raza. Tiene cincuenta balas en el cuerpo, sin contar las que le han extraído. Y está mejor que yo. Mejor que usted. Es un tipo formidable. Lo que se llama un hombre de buena raza. Esto es ser de buena raza: ser como Piciola. La raza pura es una aberración, buena solamente para los zoólogos. Para la Historia, la raza pura no vale un comino. Lo importante pata la Historia es el hombre de raza, el hombre como Piciola. El hombre fuerte. El hombre verdadero. La raza noble del hombre. El hombre de raza superior se encuentra en todas las razas. El, es el verdadero ejemplo de raza superior. Piciola es rumano. es un hombre de raza superior que honra a la especie humana. Nora West es una mujer de raza superior y es judía. Moritz es un joven de raza noble, aunque no se sepa a qué raza pertenece. En todas partes se encuentran hombres como éstos: entre los amarillos, entre los blancos, entre los negros. Es la única raza que tiene importancia. El resto, la raza pura, las superioridades raciales, pertenecen a la Zoología. El antisemitismo, la lucha de los americanos contra los negros, las de los ingleses contra los amarillos, son aberraciones. Existen negros que son de raza superior, Amarillos que son de raza superior. Judíos que también lo son. Cuando, en el transcurso de la Historia, unos hombres no hacen más que dedicarse al comercio, cuando toda su actividad se limita a vender y a comprar;, llegan a perder su raza..."

Los Hombres sin boca...


El geógrafo Estrabón describe, entre otros pueblos de la tierra, un pueblo que sólo se alimenta del perfume de las flores, de la miel y de la fruta. Estrabón les llama <<los hombres sin boca;. No bebían ni comían nada. El olor de las verduras, el olor de las frutas, les bastaba. Nunca pudo ser hecho prisonero ningún ;hombre sin boca;, ya que para llevar cautivo un hombre es necesario llevarlo entre dos soldados y los ;hombres sin boca; morían de repente en cuanto notaban el olor a soldado. El olor de las espadas, de las armas y, sobre todo, el olor de los soldados les envenenaba rápidamente. Y morían. Durante todo el trayecto de Munich a París, al lado de Didiez, monsieur Laforest se sintió intoxicado. Del mismo modo que los hombres sin boca; no soportaban el olor a policía. La acometividad de Didiez hubiera matado a los t;hombres sin boca; si se hubiesen acercado a él.

Ahora monsieur Laforest respiraba el aire familiar de su apartamento. Los ;hombres sin boca; existen realmente, ya que uno puede alimentarse con un perfume, con un olor que resulte familiar. Respiró el olor de las paredes. Y sentía que se alimentaba con él, que recobraba fuerzas. Ahora descansaría. No hay que cogerlo todo con mano enemiga (Rainer María Rilke). Es tan agradable estar en casa... La más joven poetisa de Francia escribió a un exilado rumano:


Esta mañana creía que mi patria estaba en todas partes donde latía mi corazón. Me pregunto con miedo si no está en el seno de las vibraciones, en los olores, los colores y los seres que yo sé oírme





El conde Bartholy cenó aquella misma noche en un restaurante próximo, en compañía de su hijo,que era asimismo su secretario particular.

Al tomar el café, el conde preguntó a su hijo:

 -¿Qué opinas de ese asunto de los obreros enviados a Alemania?

 -Un verdadero K.O. en el ring político... -respondió Lucian-. El proceder ha sido magistral. En vez de obreros húngaros, enviamos, a los alemanes extranjeros recogidos en todas las cárceles y los campos de concentración. La arrogancia germana se merece esa lección. Es una idea genial.

 -¿Sabes que a cambio recibimos ciertas ventajas por parte de los alemanes? -preguntó el conde- O para expresarse con más claridad: ¿Sabes que nos han pagado por entregar esos cincuenta mil hombres?

  -Se sobreentiende -dijo Lucian- no íbamos a regalar una excelente mano de obra a los alemanes sin obtener nada a cambio.

 -¿Y no te sientes vejado al saber que tu padre ha participado hoy en la venta de seres humanos? Semejante género de comercio es el último escalón en la rampa de la degeneración moral.

 -¡Qué raro eres! -dijo Lucian- ¿Es ésa la razón de que estés tan sombrío esta noche?

 -No trates de eludir la pregunta -replicó el conde. ¿Reconoces que he tomado parte en un tráfico de esclavos?

 -Si planteas así la cuestión, no cabe la menor duda. Has tomado parte, efectivamente, en un tráfico de esclavos -dijo Lucian sonriendo.

 -¿Y eso no te molesta?

 -Sería absurdo -dijo Lucian-. Creo además que el motivo de tu mal humor hay que buscarlo en otra parte. En caso contrario no habría motivo más que para una preocupación pasajera. Nos han forzado a enviar obreros a Alemania. De no haber hallado ese recurso, hubiéramos tenido que mandar obreros húngaros. ¿No hubiera sido más grave?

 -Efectivamente... Desde el punto de vista húngaro, hubiera sido más grave. Pero desde el humano, es exactamente igual. Acabamos de vender unos semejantes a los alemanes.-Obligados por las necesidades de esta hora presente. No podemos evitarlo.-Europa ha abandonado el tráfico de esclavos desde hace unos centenares de años. Los últimos seres humanos que se vendieron fueron los negros de África. Ahora, el tráfico de estos está prohibido en toda la superficie del globo. La abolición de la esclavitud ha sido una de las más importantes realizaciones de nuestra civilización. Y sin embargo, volvemos sobre nuestros pasos, remontamos la corriente del tiempo y reanudamos el tráfico de esclavos. En pleno siglo veinte, volvemos bruscamente a la época precristiana, saltando por encima del Renacimiento y la Edad Media. 

 -No hay que mirar las cosas desde un ángulo tan trágico -dijo Lucian. Esos obreros enviados a Alemania no irán encadenados. Se les considerará trabajadores...

 -No irán encadenados porque les faltará la menor posibilidad de huida. La sociedad contemporánea tiene sus métodos para guardar esclavos, unos métodos que no poseían los griegos. Y al decir esto, no pienso en las ametralladoras, las barreras de alambre espinoso conectadas a una fuerte corriente eléctrica y todos los recursos puramente mecánicos, sino en los métodos de la técnica burocrática que encadenan sutilmente al ser humano: las cartillas de alimentación, la autorización de la policía para poder ocupar una cama en el hotel, coger un tren, pasearse por la calle o cambiar de residencia. Los griegos y los egipcios no hubieran encadenado jamás a sus esclavos, de haber poseído los medios de fiscalización de nuestra sociedad moderna. Pero la esclavitud sigue siendo la misma.

 -Es mejor no pensar en todo eso -dijo Lucian. No podemos cambiar nada. No tenemos oportunidad de hacerlo. No somos el único país que ha vendido esclavos a Alemania. Croacia, Rumania, Francia, Italia, Noruega y casi todas las naciones de Europa lo hicieron. ¿Qué otra cosa podemos hacer? ¿Retirarnos del gobierno y luchar contra Alemania, porque compra esclavos que otros países le venden? Otro gobierno ocuparía entonces el poder y mandaría otros obreros a Alemania. Y aunque lográramos destruir al Reich alemán, no con ello habríamos solucionado el problema. Los rusos reemplazarían a los alemanes, y los rusos son los mayores traficantes de esclavos de todo el mundo. En la Rusia soviética, cada hombre es propiedad del Estado...

 -¿Y no te espanta ese estado de cosas?

 -No.

 -Eso es lo más grave -dijo el conde-. Quiere decir que no tienes ningún respeto hacia el ser humano. Y tú también eres un ser humano. Por tanto, no tienes ningún respeto hacia ti mismo.

 -Respeto a cada hombre según su valor -dijo Lucian. No creo que tengas nada que reprocharme a ese respecto.

 -Respetas al hombre como respetarías a tu automóvil... Sólo porque representa cierto valor.

 -¿Y qué tienes que censurar?

 -¿Es que acaso respetas al hombre por su valor intrínseco, por su valor humano?

 -Claro que sí. No podría hacer sufrir a nadie sin sentir piedad y remordimientos.

 -Tampoco harías daño a un perro, pues sabes que cuando le estás pegando, sufre. Sientes hacia el hombre igual piedad que experimentarías hacia cualquier ser vivo. Lo que yo quisiera saber es si respetas al ser humano como ser humano, como valor único, irremplazable, aunque no tenga ningún valor social o no te inspire piedad o ternura como un animal.

 -Nunca me he planteado esta pregunta -dijo Lucian-. Sé que respeto al hombre en relación a su valor social y como animal vivo. Por lo demás, todo el mundo piensa y siente como yo...

 -¿Estás seguro, Lucian, de que todo el mundo piensa y siente hoy como tú? preguntó el conde.

 -Absolutamente seguro -dijo Lucian-. El más estricto razonamiento lógico nos impone esa conclusión. El hombre es un valor social. Y el resto, no son más que hipótesis.

 -Eso es extremadamente grave.

 -¿Qué ves de grave en ello?

 -Nuestra cultura ha desaparecido, Lucian. Y la verdad es que tenía tres cualidades: amaba y respetaba la Belleza, costumbre tomada de los griegos. Amaba y respetaba el Derecho, hábito heredado de los romanos, y amaba y respetaba al Hombre, costumbre adoptada bastante tardíamente y con relativas dificultades de los cristianos. Sólo por el respeto que sentía a esos tres símbolos: el Hombre, la Belleza y el Derecho, pudo nuestra cultura occidental llegar a ser lo que fue. Sin embargo, ahora acaba de perder la parte más preciosa de su herencia: el amor y el respeto del Hombre. Sin ese amor y ese respeto, la cultura occidental habrá dejado de existir. Habrá muerto.

 -El hombre ha conocido, a través de su historia, épocas más negras que las que ahora atravesamos -dijo Lucian-. Se le ha abrasado en plena plaza pública, quemado en los altares, triturado en el potro y vendido y tratado como un objeto. No es justo juzgar tan severamente a nuestra época.

 -Es cierto -dijo el conde-. En esos momentos sombríos, se ignoraba al hombre, y el sacrificio humano se practicaba por pura barbarie. Pero vencimos esa barbarie y comenzábamos a apreciar al ser humano. Sin embargo, estábamos aún al principio de la tarea y teníamos que seguir aprendiendo. Pero la aparición de la sociedad técnica destruyó lo que habíamos ganado y creado durante siglos de cultura. La sociedad técnica volvió a instituir el desprecio al ser humano. El hombre está hoy reducido a su sola dimensión social... Pero marchémonos ya. Debe de ser tarde.

 Lucian consultó su reloj de pulsera.

 -Mi reloj se ha parado -dijo-. ¿Quieres decirme qué hora es?

 -Es la hora veinticinco.

 -No entiendo...

 -Te creo. Nadie quiere comprender. Pero es la hora veinticinco.
La hora de la civilización europea.







Lucian:
-"Han pasado los tres años. Ya ves que soy hombre de palabra, Petraky Roca, vengo a casarme con tu hija, Domnitza Roxana, tal y como lo habíamos acordado."

Petraky Roca:
-"Estamos de acuerdo. Pero la respuesta definitiva es Roxana quien debe darla. Ella es la única que puede decidir, pues se trata de su persona, de su vida y de su porvenir."

Lucian:
- "Tus padres te han preguntado qué piensas -dice el profesor-. ¿Por qué no contestas, Domnitza Roxana?
Antes de que la muchacha llegue a abrir la boca, el maestro pierde la paciencia, Dice:
-Contesta, Roxana, ¿quieres ser mi esposa?

Roxana:
-"No sé qué contestar, señor maestro- dice Roxana.

Lucian:
-"Tres años, Roxana, ¿y no has tenido tiempo de decidirte? -pregunta nervioso, el  maestro de escuela.
Esta furioso.

Roxana:

-"Me siento sumamente honrada con su petición, señor maestro,- contesta finalmente Roxana-. Es imposible que una muchacha de mi edad y de mi condición se sienta más honrada. No veo, para mi, más que ventajas en este matrimonio. Y sin embargo, no sé por qué no puedo decir que sí.

Lucian:

-"No seas despiadada, Roxana- dice el maestro-. Hace ya tres añosy medio que estoy en Petrodava, y no hago otra cosa que pensar en vivir para ti. En todo lo que hago, miro y siento estás tú. Estos tres años de espera impuestos por tu familia han sido de tortura y de infierno. Lo sabes bien, te lo he dicho muchas veces.
No seas injusta."

Roxana:

-"Sé que usted me ama, señor maestro.
Usted me ha repetido muchas veces que me quiere. Y lo he comprobado. Es verdad. Sé con toda precisión que usted está enamorado de mí y me siento muy feliz por este amor. Toda mujer y no sólo toda mujer, sino toda criatura que vive en este mundo, se siente feliz de que la amen. Y sin embargo, me resulta difícil decir que sí.
Esperaba que hoy, en el momento en que se acercaba el plazo fijado, me decidiría a decir que sí. Pero no puedo hacerlo. Dudo. ..Me pregunto si se trata de un amor verdadero. Me pregunto si me hubiera pedido en matrimonio de conocerme en otras circunstancias. Por ejemplo, en una ciudad. Si me hubiera elegido entre otras mujeres."

Lucian:

-" En cualquier lugar donde te hubiera conocido, Domnitza Roxana, habría obrado igual. te hubiera escogido y amado entre  miles de mujeres. En el centro de la ciudad más grande del mundo. Te lo juro, delante de tus padres y del padre Thomas."


Roxana:
-"Dejémoslo -dice Roxana-. No es verdad, pero es agradable creer que hubiera podido suceder de esta forma...
Señor maestro Lucian Apostol...sé con precisión, con dolor, con una especie de crispación, hasta qué punto le quiero. Eso sí que lo sé, demasiado bien. Y me ahoga...
No tengo vergüenza de decir esas cosas delante de mis padres y delante del sacerdote que me bautizó. Mi amor es como una flama, Y hablar del fuego no causa vergüenza. Incluso a las vírgenes se les permite que hablen de los incendios. Desde el día en que usted apareció en Petrodava señor Lucian, le quise con un amor que me quema el pecho, como un sello de fuego. No puedo alejarle de mí. Le veo en todas partes, dondequiera que esté. Deseo tenerlo cerca de mí, como el sediento desea el agua. Pienso en nuestros esponsales, como el viajero perdido en la noche durante una tormenta de nieve, desea llegar a algún lugar donde poder resguardarse."

Lucian:
-"Te doy las gracias, Roxana- contesta el maestro.

Pero Roxana le corta la palabra, diciendo:"No tiene que darme las gracias. No he dicho que sí. Al contrario, mi decisión es decir: no."

Lucian:
-"¿De que soy culpable y qué me reprochas?- pregunta el maestro.

Roxana:
-"De nada. Usted es un hombre irreprochable. Desde hace tres años, podemos leer en su vida como en un libro abierto, y todo lo que aprendemos sobre usted es bello. Pero usted, señor maestro, es un hombre de llanura. Un hombre de la región que se extiende debajo de nosotros. No es un montañés."

Lucian:
-"¿Qué importancia tiene que sea de la llanura?- pregunta el maestro-. El hombre es el mismo en todas partes. En todas partes hay hombres buenos y malos, en la misma proporción: en la montaña, al borde del mar y en la llanura."

Roxana:

-"Puede que sea así. Pero yo soy una mujer Roca. Yo misma soy una roca de la montaña. No puedo ser comprendida, amada, apreciada, juzgada y condenada más que por un montañés, un hombre que conozca la montaña. Un hombre de llanura, por muy buenas que sean sus intenciones, no sabría qué hacer con una roca. Y usted, usted es un hombre de la llanura."

Lucian:

_"Roxana, he nacido en una comarca llana, es certo...Al convertirme en tu marido, me convierto a la vez en hijo de tus padres, de Petrodava y de la montaña. Me transformo en montañez. ¿Lo dudas? El amor ha hecho y hará siempre milagros.
Tu padre dice que un hombre instruido puede llegar a ser ganadero de caballos aunque no haya nacido entre ellos. ¿Por qué no puedo convertirme en montañez? Estoy convencido, por otra parte, de queya lo soy. Hoy en día soy un hombre de Petrodava. Pertenezco a este lugar situado en lo alto de las montañas...¿Qué diferencia encuentras entre yo y un hombre de la montaña? No inventes pretextos. Todos tus argumentos son prejuicios. El hombre es universal. Internacional. El planeta es la patria de todos los hombres. Mañana no habrá fronteras ni naciones. Todos los hombres serán iguales entre sí."

Domnitza:

-"Iguales sí, pero no semejantes.

Lucian:

-"todos los hombres se parecen, porque todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. ¿No es verdad, padre Thomas?"

Padre Thomas:

-"No es así, hijo mio. Todos los hombres se parecen a Dios, pero no entre ellos. El planeta es sumamente variado, como la naturaleza...Los hombres son diferentes. Lo que se puede exigir y pedir a uno, no se puede
pedir y exigir a otro. Lo que causa placer a éste, provoca la desgracia de aquél. Los hombres serán algún dia iguales entre ellos, pero nunca serán semejantes... De todas formas, no veo ningún motivo para que vosotros no os convirtáis en marido y mujer, desde el momento en que vuestro amor es recíproco y que os juráis fidelidad ante Dios."

Domnitza:
-"No puedo contestar que sí. La duda es más fuerte que yo.

Lucian:

-"Por qué vacilar si no hay motivo para ellos? Hace tres años que esperamos este día, y cuando, por fin, llega, dices que dudas.

Domnitza:

-"Usted no comprende, señor maestro, porque es un hombre de la llanura. El montañez vacila cada vez que debe dar un paso y mira dónde pone el pie. Cada paso lleva consigo una decisión grave, pues puede llevarle al precipicio. El camino de montaña es peligroso, desconocido y nuevo a cada metro. Vosotros los hombres de la llanura, no necesitáis mirar donde ponéis el pie...Entre nosotros sucede lo contrario. Comprometemos nuestra existencia a cada paso.
Por esta razón, somos gente seria y grave. La existencia en la montaña es como andar sobre la cuerda floja...Hoy debo dar uno de los pasos capitales del hombre sobre la tierra. El matrimonio... es uno de esos pasos esenciales. ¿Cómo no vacilar ante este paso tan importante, yo que vacilo frente a cada paso cotidiano?

Lucian:

-"Has tenido tres años para dudar y pensar el pro y el contra. Ahora, ha llegado el momento de decidir. ¡Nos conocemos lo suficiente!"

Domnitza:

-"Precisamente porque le conozco y me conozco a mí misma es por lo que dudo más. ¿Cómo podríamos vivir juntos siendo uno tan diferente del otro? En primer lugar usted no logrará soportar mi naturaleza. Soy toda gravedad y violencia, como el agua de una fuente subterránea que, en el instante en que ha conseguido romper la roca que la guardaba prisionera y salir a la superficie, surge en línea recta,  sin un meandro, sin una mirada hacia sí misma ni a lo que la rodea. La fuente se convierte en un torrente. En el instante en que me lanzo a la vida desde lo alto de la roca materna, me convierto en un torrente. En el instante en que tomo la salida, nadie puede ya detenerme. Caigo verticalmente desde mi roca, en cascada,
 hacia la realización de mi destino, hacia mi objetivo. Me desgarro, me trituro y trituro las rocas que están junto a mí. Pero no conozco otra dirección que no sea la linea recta. Ignoro los meandros que hacen las aguas de la llanura. No conozco más que una sola felicidad, pues no soy capaz de sentir dos al mismo tiempo. Me lanzo hacia esa dicha, que constituye mi destino integral, con la decisión de suicidio del agua de los torrentes y las cascadas. Sólo tengo una vocación: la línea recta. ¿Cómo podría soportarme?
Yo sería como un torrente que devastaría su existencia. Lineal. Violenta. Implacable. Despiadada.
Para soportar una existencia como la mía, es necesario ser una roca. Es necesario ser un hombre de la montaña también. Usted es un hombre de la llanura, semejante a las aguas de la llanura, a esas aguas que se detienen en todos los meandros, perezosas, soñadoras y  voluptuosas. Se deslizan lentamente y se detienen, amigables, junto a los árboles y plantas, en las viñas y en los prados. Antes de girar las ruedas de los molinos, admiran el cielo y la vegetación, respirando el perfume de todas las flores. Las aguas de las llanuras
tienen idilios con todas las orillas. Son acariciadoras y siempre permanecen cálidas y disponibles. Las aguas de las llanuras alcanzan su objetivo por medio de la astucia, dando rodeos, utilizando la seducción. No se olvidan de complacerse durante el trayecto en todos los deleites del viaje, en todos los esplendores de la orilla, ni de gustar todos los aromas, todos los colores y todos los perfumes. Mi amor, por el contrario, es árido, implacable, violento y despiadado, como el agua de los torrentes y el paraíso de las truchas.

Míreme bien, señor maestro...soy como todos los montañeses de este lugar de Petrodava. No soy más que músculos y tendones. En mí no hay una sola onza de grasa, ni una sola línea curva. Soy como la silueta de los abetos; los pies profundamente plantados en la roca y la cabeza en el cielo. La parte más alta de mi cabeza alcanza el azul del firmamento  y las estrellas. Nunca nos encorvamos, ni de dolor, ni de servilismo, ni con el peso de los años. Cuando la tormenta, los dolores y las nieves de la existencia son demasiado pesadas, nos quebramos. Pero no nos plegamos. Cuando el dolor, semejante al hielo cortante, llega hasta nuestra savia, estallamos. Pero siempre verticalmente. Vivimos, sufrimos, amamos y morimos verticales. Perpendiculares a la roca. Rígidos, pero majestuosos. Después de nuestra muerte, siempre permanecemos en línea recta, formando líneas horizontales con la tierra. La vida y la muerte, son simples cambios de figuras geométricas."



Lucian:

-"Estás hermosa cuando hablas. He tomado ya una decisión hace tres años. Ni siquiera la muerte podrá hacer que renuncie a ti, Domnitza Roxana. Tus padres han dado su consentimiento. Dime, ¿quieres ser mi mujer?"

Domnitza:

-"Quiero, pero con una condición.".

Lucian:
-"Prometo todo lo que quieras, pero dí, por fin, que sí."

Domnitza:
- "Prométeme fidelidad. Eso es todo lo que te pido. Con fidelidad conquistaremos el cielo y la tierra."
Lucian:

-"Lo prometo ante Dios y los hombres" (contesta el maestro que llegó de la llanura)

Domnitza:

-"Es cosa sumamente grave prometer fidelidad. Es el juramento más serio de la vida. Todos los caminos están llenos de tentaciones, de esplendores y de voluptuosidades gratuitas y soberbias que no cuestan nada y se ofrecen por sí solas. Prometer fidelidad es algo terriblemente
grave. Pero no te obligo a hacerlo."

Lucian:

-" No trates de esquivarte sin cesar, como una trucha. Tendrás mi fidelidad hasta la muerte."

En el mismo momento en que Domnitza dice: "de acuerdo"; comienza a llover, como una
ráfaga de ametralladora. La lluvia golpea los cristales como si quisiera romperlos, con
pequeñas perlas de hielo, violentas como balas.
Dentro de la casa reina la oscuridad. no hay otra luz que la que procede de la vela
que está colocada debajo del icono de San Jorge, en el muro de Levante. Es demasiado débil
para alumbrar los rostros de los que se encuentran allí reunidos. La vela sólo ilumina,
en el icono, el dragón al que San Jorge atraviesa con su lanza..."

 II

Todo hombre necesita convencerse de que es un sol, sin el cual nada existe. Es lo importante
en la vida de un hombre. El resto no es nada, no tiene ningún valor. Sin esta confianza, el hombre
se convierte en un ser realmente despreciable. Su vida es inútil. Como un astro muerto y extraviado
y a quien nada conoce... (Stela acaba de confirmarle a Pantelimón) que todo lo que existe a su alrededor moriría si el no estuviera allí
.


III

Querida madre.

Perdoname que te escriba de forma diferente a mis otras cartas. Estoy enamorada. Todo el universo ha desaparecido. No existe nada, aparte del hombre del que me he enamorado como una loca. Ni siquiera conozco su nombre. No se como se llama. No he oido nunca su voz. No lo he visto mas que tres veces, desde lejos, pero se que le pertenezco para la eternidad. Fuera de el, no hay ya vida para mi. Ignoro la edad que tiene y no se cual es su profesion, que hace, a que se dedica. Pero desde que le vi, se con toda seriedad que le amo. le seguire dondequiera que vaya, a todas partes. Como esposa, como amante, como esclava. Podra hacer conmigo lo que quiera. Te escribire, si el me lo permite. A partir del dia que le vi por primera vez, ya no dispongo de mi. Ya no me pertenezco a mi misma. Le pertenezco a el. Le seguire y se lo dire. de rodillas, si es necesario. No te preocupes por mi. Este donde este, vaya donde vaya, me sentire feliz a su lado.

Tu estrella



[Lo fascinante de la obra de Gheorghiu Virgil es como la novela va transformandose, como los eventos se dan vuelta en forma vertiginosa y con ese toque magnifico de dramaturgo]